La carrera de un futbolista juvenil suele transitar por curvas pronunciadas y desafíos constantes. Sin embargo, el presente de Leonel Flores rompe con cualquier molde tradicional. El delantero de Boca atraviesa un momento consagratorio que combina su reciente y explosiva convocatoria a la Selección Argentina con destellos determinantes bajo las órdenes del Vasco Arruabarrena en el conjunto de la Ribera.
De la Scaloneta a la Bombonera en tiempo récordEn apenas 48 horas frenéticas, el joven atacante ratificó por qué se ha convertido en una de las grandes apariciones del medio local. Primero sumó sus primeros minutos con la camiseta celeste y blanca defendiendo a la Selección Mayor, y de regreso en su club firmó una actuación consagratoria al marcar un doblete en la Bombonera durante la última media hora de juego.
Este rendimiento ratifica la confianza depositada por el cuerpo técnico boquense, que apostó por su potencial desde el semestre anterior —cuando aún no había debutado en Primera— y consolidó su lugar en el once titular por encima de otras alternativas ofensivas, aportando vértigo, desequilibrio y goles decisivos.
Cuidar al talento y mantener los pies sobre la tierraAnte la vorágine mediática y el impacto de su salto a la fama, el gran desafío institucional y deportivo pasa por la contención del jugador. Consciente de este escenario, el técnico Rodolfo Arruabarrena bajó un mensaje claro desde las conferencias de prensa, apuntando a rodearlo y ponerle límites sanos para evitar distracciones, al punto de sugerirle cambios logísticos en su cotidianidad —como su mudanza a una zona más accesible hacia el predio de entrenamiento en Ezeiza— para facilitar su día a día.
Boca disfruta y resguarda por estos días a su flamante joya, sabiendo que el futuro inmediato del delantero estará dividido entre los compromisos con la camiseta Xeneize y su inminente consolidación en el radar de la Selección Argentina.